Variabilidad espacial y temporal de depósitos glaciales del margen occidental del Glaciar Collins, Isla Rey Jorge, Shetland del Sur

Lic. Raúl Ugalde Peralta, Facultad de Ciencias

En las últimas tres décadas el mundo ha estado continuamente discutiendo dos ideas vinculadas al medio ambiente: cambio climático y calentamiento global. Ambas son producto de sucesivas interacciones entre la ciencia y la sociedad en su conjunto. Para cada habitante del planeta, una buena caracterización de esas dos ideas será relevante en el presente y futuro cercano, pues de una u otra forma le afectará. La investigación científica busca comprender y describir ambas ideas, respondiendo a las siguientes preguntas: ¿Ha cambiado el clima, tal como lo conocemos? De ser así, ¿Cómo ha cambiado y cambiará el clima del planeta?

Teniendo en cuenta esas interrogantes, se necesita identificar dónde se pueden estudiar las posibles variaciones climáticas. Y es ahí donde recae la importancia de los glaciares. Un glaciar es una gigantesca masa de hielo compactado durante un largo tiempo, decenas a miles de años, que se comporta casi como un ser vivo: nace, se alimenta, crece, se mueve, envejece y desaparece. Como dura mucho tiempo y captura continuamente agua y aire en forma de nieve, compactándose lentamente en el proceso, son excelentes para guardar la información climática del momento. La sensibilidad del hielo a los cambios de temperatura es otra característica que ayuda. Además, los glaciares tienden a fluir muy lentamente debido a la gravedad, pero en escalas temporales más grandes ese movimiento puede ser bastante considerable. Los geólogos estudian las huellas del paso de glaciares sobre el paisaje: los depósitos de sedimentos, marcas en rocas o “estrías glaciales”, canales del derretimiento del hielo, lagos glaciales, entre otras. Al saber de quién son las huellas y cuando se hicieron, se puede estimar cuándo pasó el glaciar por un lugar determinado, y qué tamaño tenía.

Antártica es un continente tan remoto, que no ha sido tan afectado por el impacto del hombre. Y está casi completamente cubierto de glaciares, por lo que es ideal para hacer estudios de cómo éstos han variado. Más aún, la Base Científica Antártica Artigas de Uruguay está justo en frente de un enorme cuerpo helado, el Glaciar Collins.

El proyecto intenta descifrar cómo ha cambiado este glaciar en grandes escalas de tiempo (miles a cientos de años), a partir de los depósitos que fue dejando al moverse. Para ello se identifican las formas del relieve, o “geoformas”, asociadas al glaciar, y se estima el lapso que llevan en ese lugar por medio de tres técnicas: en laboratorio se calcula cuánto tiempo llevan ciertos minerales ocultos al sol –‘luminiscencia’– y cuánto tiempo las rocas han estado expuestas a la atmósfera; en superficie se observa cuánto han crecido los líquenes que viven sobre la roca –‘liquenometría’–, pues ello representa el tiempo mínimo en que el depósito no se ha perturbado. La suma de toda esa información permitirá tener una mejor idea de cómo ha cambiado el Glaciar Collins, si creció, avanzó o retrocedió, y en qué rango. La correlación con otros estudios dejará ideas sobre qué cambios climáticos podrían haber afectado en el transcurso del tiempo, tanto en otras islas del archipiélago Shetland del Sur como en todo el continente antártico, e incluso a nivel planetario.