Discurso del Presidente del Consejo Directivo CA (R) Daniel Núñez en el marco del Día de la Antártida 2018

Discurso del Señor Presidente del Consejo Directivo del IAU, CA (R.) Daniel Núñez en el marco de la celebración del Día de la Antártida

A todos gracias por estar hoy con nosotros.

Este no es el día del Instituto Antártico, ni siquiera el día del Programa Nacional Antártico, es el día de la Antártida, por tanto no es un día de organizaciones, es un día del Uruguay y de su sociedad toda al menos debería serlo.

Es un día donde los cuatro Ministerios que desarrollan sus esfuerzos mancomunadamente, integrando el Gabinete Interministerial en Asuntos Antárticos, en representación de todo el Estado, nos convocan para reflexionar brevemente sobre como seguiremos cogobernando un Continente.

Dicho así, tenemos la obligación de entender cabal y profundamente este excepcional asunto de la administración y el gobierno de la Antártida.

Así que expliquémoslo sencillamente.

Un gobierno es una autoridad que tiene por objeto dirigir, controlar, administrar y regular. Uruguay hace eso, en la Antártida, junto a otros 28 países, pero a diferencia de una democracia, donde las mayorías son determinantes, aquí las decisiones se toman únicamente por consenso absoluto. No solo es un tema de levantar, o no, la mano a la hora de una votación en una reunión consultiva, sino la oportunidad de reducir la brecha del conocimiento a través de la cooperación y la formación de nuestros investigadores.

Es decir, tenemos la capacidad de aprobar o desaprobar acciones pero también tenemos una enorme responsabilidad ante la comunidad internacional y la humanidad.

¿Por qué? Porque del conocimiento científico de la Antártida dependen hoy, alguna de las decisiones más trascendentales que puede adoptar esa comunidad internacional, entre ellas las que atienden al cambio climático (la Antártida es el gran regulador del clima mundial) y todos los demás asuntos relacionados al medio ambiente.

Esto quiere decir que poseer un extenso programa de investigación científica no solo es un deber para los Programas Nacionales Antárticos sino una contribución a la humanidad, la que señale cuando me refería al cogobierno.

Y por favor, tengamos en cuenta que el desarrollo de la investigación brinda también las bases para un posicionamiento nacional en temas de política internacional que requieran un sustento científico y mantienen además la autonomía del país para operar dentro del área del TA.

El advenimiento, en Marzo de este año, del Gabinete Interministerial en Asuntos Antárticos consolidó la estructura política que complementó el MRREE a través de su nueva Dirección de Asuntos Antárticos y Atlántico Sur.

Para nosotros es un éxito que 4 titulares de cartera se reúnan cada 3 meses para tratar los asuntos polares.

En virtud de ello quisiera mencionar algunos puntos para ubicarlos en una perspectiva nacional dentro del Sistema del Tratado Antártico.

Comenzando con que desde nuestro punto de vista, el permanecer en la Antártida no es un objetivo principal, sino alcanzar éxitos resonantes y razonables en Ciencia, Tecnología e Innovación que consoliden y proyecten nuestra ubicación dentro del propio Sistema. Estar es muy importante, sin duda, pero parafraseando al ejército de tierra, la defensa estática no nos permite la victoria sino un tiempo de permanencia hasta agotarnos, o pasar a la ofensiva. Claramente esta segunda opción es lo que estamos practicando como Programa Nacional Antártico.

Frente a este cuadro, la Ciencia Tecnología e Innovación, es la vanguardia de nuestros esfuerzos; este enfoque antártico nacional nos permite afirmar que la actividad científica no solo sostiene la presencia del Uruguay en el Sistema del Tratado Antártico, sino que es políticamente relevante y resalto que, los beneficios de los éxitos en estos campos, tienen a nivel nacional, un poder sociológico sobre la confianza de una sociedad en sí misma y sobre su reconocimiento fuera de fronteras y específicamente en un tema tan sensible como la Antártida, son invalorables. Y en ese camino, la Antártida nos permite predecir el futuro.

Nuestra base insular Artigas se define de 3 maneras: como un gran laboratorio, como una gran plataforma logística intermedia y como una gran vidriera privilegiada de cooperación relevante.

Primeramente como un laboratorio, de aprendizaje y evaluación de innovaciones y tecnologías de punta, en condiciones extremas. Todos sabemos que el desarrollo social descansa mayoritariamente en la capacidad de innovación dentro de un sistema de Ciencia y Tecnología. Si desarrollamos conceptos como el de la sociedad de conocimiento sostenible, la economía circular (relacionado a sostenibilidad), la educación a través formas alternativas de aprendizaje, todo ello en un laboratorio (snowlab) el impacto en la demanda de conocimiento y la oferta de experimentarla en esas condiciones extremas es un factor multiplicador sin precedentes para la ciencia y la industria, obviamente para los investigadores a nivel educativo e industrial. La sociedad uruguaya debe conocer la Antártida porque la tiene que usar para su propio desarrollo.

En segundo término, el sostén logístico insular nos permite el salto al continente. La isla acota nuestra investigaciones y por tanto las posibilidades de ampliar nuestro conocimiento. Necesitamos desarrollar investigaciones en el continente y los mares adyacentes, a través de campamentos temporales, auto sostenibles por aire, desde el origen o el reabastecimiento del laboratorio a flote. Por eso nos es tan necesario contar con infraestructura logística que permita un amplio espectro de operaciones.

En tercer término, la vidriera de Cooperación en 360°, triangular y sur-sur, en materia logística y científica, desarrollando acciones continuas, propias, o internacionales o conjuntas es el camino a seguir para despertar ecos de interés. Muy posiblemente, a partir de la próxima campaña de verano, tengamos un equipo colombiano trabajando y viviendo junto a nosotros.

Pero además, la implementación, de una idea nacida en la Facultad de Ciencias referente al uso futuro de nuestra estación de verano continental (ECARE) como centro académico universitario a nivel de la ciencia hispanoamericana, colocaría a Uruguay y a nuestro Programa Antártico en un nivel superlativo.

Uruguay, contrariamente, a lo que a primera vista se puede creer, puede contribuir selectiva y cualitativamente al conocimiento y a los recursos humanos de carácter científico, con todos los miembros del Sistema. Por eso buscamos afanosamente estrechar los vínculos de investigación conjunta principalmente con Argentina, China, España, Reino Unido y Canadá; investigando juntos en tierra y en el mar, embarcando en sus buques polares (este año con España y Reino Unido). Específicamente con Canadá le hemos propuesto empeñarnos como puerta de entrada para la cooperación científica en la Antártida, con asiento en nuestras infraestructuras. Los esfuerzos de nuestra Cancillería y de las delegaciones diplomáticas acreditadas han sido esenciales, en este camino de negociaciones que iniciamos.

Dentro de nuestros planes, uno de los más destacados es el plan estratégico de desarrollo energético y gestión ambiental, el uso óptimo de la energía producida con tecnologías apropiadas sin aportes externos, auto sostenible, en un país de limitados recursos y tamaño lo que nos llevaría también a lograr hacer de ECARE una Passive Haus o sea una estación energéticamente auto sostenible, automatizada y a control remoto, en virtud de que solo la abrimos en verano.

Si todo se desarrolla convenientemente, durante esta campaña de verano comenzaremos con nuestro campo de aerogeneradores, llevando en marzo, el primer micro aerogenerador que nos permitirá experimentar y medir; y que junto a la ampliación de nuestro parque de paneles fotovoltaicos nos permitirá pensar en una base verde, con una generación por vías limpias, que alcance un suministro del 40% de nuestras necesidades en los próximos 5 años.

En 1902 el Discovery, buque de la expedición británica del CN Scott, llegó a la Antártida con un molino eólico para suministrar electricidad; 116 años nos separan de nuestro propio aerogenerador, puede ser una distancia enorme en el tiempo, pero es una distancia que podemos descontar tecnológicamente, en el futuro cercano. Pretendemos llevar a nuestra última frontera la tecnología que permitió desarrollar cambios como los de la matriz energética o las exitosas políticas de gestión ambiental, implementadas en el Uruguay continental.

La Antártida, es tratada por los miembros del Tratado Antártico como un ambiente marítimo, pero sobre todo en nuestra área de actuación peninsular e insular, por tanto nos demanda un concurso incesante de esfuerzos aéreos y navales.

La capacidad aéreo-logística, durante todo el año, dada principalmente por nuestras aeronaves de transporte C130 y específicamente la necesidad de helicópteros durante el verano; así como la capacidad marítima multi-rol de transporte, abastecimiento y laboratorio embarcado, con una posibilidad cierta de operación continua hasta la latitud de 70° Sur y permanecer en el área por 60 días, es crítica a la hora de pensarnos en el continente y en las aguas circumpolares, no solo por el soporte sino también por cómo estos medios apoyan los objetivos y esfuerzos de nuestras investigaciones.

A parte de este esfuerzo de sostenimiento logístico, que, en nuestro país solo pueden dar las FFAA y cuya interrupción condicionaría nuestra permanencia seriamente, no podemos dejar de reconocer a nuestras dotaciones de base Antarkos, que dan vida a nuestras instalaciones y permiten el desarrollo de un sinfín de actividades. Son piedra angular de nuestro esfuerzo polar. Esperamos que en breve se sumen científicos durante todo el año; tantos unos como otros son personas que ofrecen el sacrificio de su esfuerzo, pasión por la Antártida y compromiso con ella.

No olviden que poseer experiencia polar no es un tema menor y tampoco es fácil para nosotros. Requiere de un proceso que se inicia con formación, cualificación y experiencia en un país que no posee ni un gramo de nieve, ni un pico helado que nos arrime a la adaptación y a los conocimientos básicos.

Abogamos entonces porque se retome el camino de la capacitación polar por parte de las organizaciones técnico-científicas de las FFAA y la integración al Instituto Antártico de personal con las competencias necesarias

Hablando de capacitación quiero hacer mención del recientemente creado Departamento de Educación a cargo de la Lic. Profesora Natalia Piñón. Nuestro esfuerzo ha dado sus frutos rápidamente y como corolario, la integración de un Grupo Interinstitucional en Educación compuesto por el MEC a través de la Dirección para el Desarrollo de la Ciencia y el Conocimiento, el Consejo de Enseñanza Inicial y Primaria, el Consejo de Educación Secundaria, el Consejo de Educación Técnico Profesional, Consejo de Formación en Educación, la Facultad de Ciencias y el Plan Ceibal, nos ha permitido orientar nuestros esfuerzos hacia el proyecto Ciencia que Educa.

La investigación que se desarrolla en la Antártida es el principal vehículo para acercar la Antártida a la sociedad uruguaya y una oportunidad privilegiada para la educación en ciencias desde 2 perspectivas:

La Social: mostrando al IAU como proyecto de interés nacional

La Educativa: potenciando y profundizando la educación científica desde el acercamiento al quehacer científico polar

En febrero estamos iniciando, por primera vez, Curso de Desarrollo Profesional Docente en Educación en Ciencias, utilizando las oportunidades que brinda nuestra presencia en la Antártida para el desarrollo de experiencias significativas de aprendizaje, a través de proyectos de investigación contextualizados en nuestro ámbito polar.

Finalmente, me gustaría hacer mención al asunto de los recursos naturales en tierras y mares del continente, asunto que generará un gran debate para el 2048, año en que se abre a discusiones el Protocolo de Madrid o Protocolo sobre Protección al Medio Ambiente. Prácticamente podemos aseverar que la “Carrera por los Recursos o la Carrera hacia el 2048”, ya se inició por parte de muchos miembros.

En la última Reunión de Administradores de los Programas Antárticos Latinoamericanos (RAPAL), celebrada en Brasilia, los primeros días de setiembre, se acordó que la agenda del próximo año estará marcada por las ideas sobre cómo progresar hacia el 2048.

Para eso nosotros hemos elaborado el borrador de un plan estratégico 2045, preparándonos con lineamientos político-estratégicos y objetivos operativos claros sobre nuestros progresos de aquí en más, que nos ubiquen favorable y fortalecidamente para esa instancia.

Creo que la tiranía de las preocupaciones del hoy produce una niebla que a veces no nos permite pensar y comunicarnos claramente ante la perentoria necesidad de mirar al futuro, evaluar hacia dónde vamos y como lo hacemos.

Nosotros no somos una excepción. Nuestro presupuesto es escaso comparándolo con nuestras aspiraciones; esto es normal en toda organización y en todo el mundo; así que pensar en un balance adecuado entre necesidades y posibilidades en las cuestiones polares, es un asunto crítico, como lo es crítico saber si el futuro es una prioridad, por eso defendemos la importancia de que la Antártida esté siempre en la agenda gubernamental.

Mi discurso tuvo como objetivo lograr en Ustedes un único momento de reflexión sobre la cuestión antártica y la concreción de nuestros objetivos, ya que verdaderamente impactarán en el futuro de nuestra sociedad. Si lo logré mínimamente me doy por satisfecho.

¡Muchas gracias!