¿Por qué es importante?

La Antártida es un continente único: remoto, hostil y prístino, que desde 1959 ha sido concebido mediante la firma del Tratado Antártico como un continente dedicado a la paz y la ciencia. Sus características únicas y su efecto sobre el clima de la Tierra y los océanos hacen de la Antártida un área especialmente relevante para la investigación científica.

Gracias a su gran extensión cubierta por blancos hielos, este continente refleja entre el 80% y 90% de la radiación solar que recibe (fenómeno denominado albedo) ocurriendo un proceso natural de retroalimentación positiva hielo-albedo (el hielo aumenta el albedo, lo que aumenta la reflectancia de radiación solar, disminuyendo la temperatura y aumentando así la cobertura/formación de hielo), motivo por el cual suele denominarse a la Antártida como «la refrigeradora de la Tierra».

A su vez, estos hielos de más de cuatro kilómetros de espesor, constituyen la mayor reserva de agua dulce del planeta y contienen un registro único de lo que fue el clima en nuestro planeta hace varios miles de años, lo que hace a la Antártida un continente clave para entender cómo funciona el planeta y cuál es nuestro impacto sobre él.

A pesar de estar rodeado y aislado por la corriente más intensa del mundo, la Corriente Circumpolar Antártica, el continente blanco es un pilar fundamental en el funcionamiento de la Circulación Termohalina. El Océano Antártico, principalmente el Mar de Weddell, es una zona de formación de masas de agua muy densas (producto de cambios en la temperatura y salinidad) que se sumergen en las profundidades y circulan por el fondo hacia el norte. Esta circulación a gran escala juega un papel importante en el flujo neto de calor desde las regiones tropicales hacia las polares, así como en la influencia en el clima terrestre, ya que las masas de agua transportan tanto energía (en forma de calor) como materia (sólidos, sustancias disueltas y gases) alrededor del globo. En el futuro escenario de cambio climático global, el derretimiento de los hielos polares conllevará a un aumento en el flujo de agua dulce, lo que reducirá la salinidad y por consiguiente la densidad del agua y su capacidad de hundimiento, afectando significativamente la circulación global.

El Océano Austral es uno de los ecosistemas marinos menos alterados y a su vez uno de los más productivos del mundo, con una gran cantidad de especies que no se encuentran en ningún otro lugar. La alta productividad hace que la pesca sea muy fructífera y por lo tanto algunas especies más explotadas, como la merluza negra (Dissostichus eleginoides) y el krill antártico (Euphausia superba), una de las especies más importantes del Océano Austral. El Krill antártico es un eslabón fundamental en la red trófica antártica ya que sirve de fuente de alimento principal para más del 25% de las especies que allí habitan, incluyendo pingüinos, focas, ballenas y muchas especies de peces, por lo que constituye el sustento de unas de las principales pesquerías del mundo. En este  sentido, desde 1980 existe la Convención sobre la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), con el objetivo de encontrar un equilibrio entre la conservación y la explotación racional de los recursos vivos.